Sí, esas dos breves escenas de la controvertida película "Alatriste" muestran con claridad meridiana en qué consistía eso de clavar los cañones. Puede que más de uno haya escuchado alguna vez la expresión sin saber de qué iba la cosa, o pensando quizás en que consistía en clavar el cañón en el suelo.
Bueno pues, como se ve, no era otra cosas que introducir a martillazos un clavo en el oído del cañón, dejándolo inutilizado al menos momentáneamente ya que no podía ser cebado y, por ende, tampoco disparado. En realidad, la escena tiene un pequeño fallo, ya que usan clavos con cabeza. Por lo tanto, podrían ser fácilmente extraídos con una palanca de uña o alguna herramienta similar. Lo suyo era meter un clavo sin cabeza, de forma que, al quedar a ras del oído, no hubiera forma de sacarlo. De ese modo, el cañón quedaba fuera de combate por completo, teniendo que ser retirado del frente para su reparación, que consistía en barrenar de nuevo el oído. Eso sí, era importante que la longitud del clavo fuese similar a la del calibre de la recámara, de forma que, al tocar fondo, no pudiera ser empujado posteriormente hacia abajo , despejando así el oído. En el dibujo de abajo se verá más claro:
Como vemos, el clavo llega hasta el fondo de la recámara, por lo que no puede despejarse el oído empujándolo hacia el interior. Aunque parezca complicado saber cual debía ser la longitud concreta del clavo de marras, hay que tener en cuenta que los cañones de la época eran de calibres y manufactura similar, por lo que no tenía excesiva dificultad saber cuánto debían medir. El cañón del dibujo quedaba pues totalmente inutilizado hasta que le barrenaran nuevamente el oído.
Pero no solo se clavaban los cañones para hacerle la pascua al enemigo e inutilizarle la artillería, sino también cuando los artilleros se veían desbordados y, antes de que el adversario se apoderase de las piezas, los inutilizaban del mismo modo, impidiendo así que pasasen a formar parte del parque artillero enemigo y usados contra sus antiguos propietarios. En tiempos modernos, la operación similar consiste en sacar el cierre de la pieza y tirarlo bien lejos o enterrarlo, logrando así el mismo fin que con sus antepasados: que el enemigo no pudiera aprovecharlos.
Hale, he dicho...

4 comentarios:
Hay una historia que me gustaría contarle sobre este asunto, y que a lo mejor conoce. Durante el ataque de Horacio Nelson al puerto de Santa Cruz de Tenerife (de donde soy por cierto) las tropas inglesas comandadas por él, consiguieron apoderarse del muelle de la ciudad e inutilizar los cañones que allí estaban posicionados clavándolos. Nuestras tropas, recuperándose de ese ataque consiguieron rechazarlos y adueñarse de nuevo de esos cañones. Entonces mandaron llamar a UN artesano, que reparó lo suficientemente rápido esos cañones, que fueron utilizados por esas tropas para ostigar a las tropas inglesas que venían de refuerzo, consiguiendo rechazar esa segunda oleada de desembarco. Se calcula eran unos ocho cañones, y ese artesano, los reparó en menos de media hora, según calcula el historiador de la Gesta del 25 de Julio D. García Pulido. Es uno de los héroes anónimos de ese glorioso día. (ni que fuese de aquí).
Ignoraba esa historia en concreto, Sr. Vifor, pero es evidente que si el herrero los puso operativos en media hora solo pudo hacerlo porque los calvos usados por los ingleses (Dios maldiga a Nelson)tenían cabeza, por lo que podían ser fácilmente extraídos, o no llegaban al fondo del ánima, por lo que bastaba con empujarlos hacia dentro hasta despejar el oído.
Si hubiera tenido que barrenarlos, con los medios de la época habría tardado bastante más tiempo por razones obvias.
Un saludo y muy agradecido por la interesante aportación
Interesantes historias, ¿no seria más facil volarlos?
Se me antoja complicado destruir con rápidez un cañón, Sr. Nash, y más si hay que inutilizarlos con rapidez. Se podría en todo caso volar la cureña, pero un tocho de hierro de más de dos toneladas no es nada fácil.
Un saludo
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